11/09: Una mirada a la emblemática portada de “El Siglo”

“¡Cada cual en su puesto de combate!” tituló el periódico del Partido Comunista cuando estaba en desarrollo la asonada golpista contra Salvador Allende.

Hugo Guzmán. 11/09/2020. El epígrafe decía: “Partido Comunista llama al pueblo” y seguidamente el título en grandes letras: “¡Cada cual en su puesto de combate!”. Fue la portada con la que amaneció el martes 11 de septiembre el diario El Siglo.

Contrario a lo que algunos piensan, no era una arenga militar o a la resistencia armada. El encabezado correspondía a una declaración del Comité Central del PC emitida la noche del 10 de septiembre, donde básicamente se llamaba al pueblo, a las fuerzas populares y específicamente a los militantes comunistas a estar alertas, movilizados y organizados ante la evidencia de una asonada golpista en marcha. Era otro llamado a defender al gobierno del Presidente Salvador Allende.

El documento había llegado a las oficinas del diario, a manos del entonces director Sergio Olivares, y de inmediato, quienes estaban en un turno pasadas las diez de la noche, actualizaron la edición, porque un primer tiraje ya había salido hacia las provincias.

Construido el texto de portada, los obreros de la Imprenta Horizonte hicieron su arduo trabajo de impresión, que en esas circunstancias pasaba a ser heroico.

No existe el registro formal de cuántos ejemplares se alcanzaron a imprimir, pero fueron varios miles. Algunos alcanzaron a llegar a manos de miembros del partido y de las Juventudes Comunistas. También a manos de trabajadores, estudiantes y algunos empleados públicos. Hay relatos de que se vieron circular ejemplares por calles y lugares públicos.

Jorge Insunza, histórico dirigente del Partido Comunista, dijo en su momento que aquello “fue un llamado a la movilización, a estar en los lugares de estudio y de trabajo, a estar a disposición del partido”. Desde la noche anterior al golpe de Estado, la dirección del PC, de acuerdo a testimonios, documentos y recuentos de esos días, giró instrucciones para proteger dirigentes, dar pasos hacia la clandestinidad, deshacerse u ocultar documentación, tomar medidas organizativas, lo que incluyó enviar emisarios a distintas provincias. El titular de El Siglo y el documento publicado, era la principal orientación emanada desde el PC en esas horas, lo que era importante por la tradición de la militancia de buscar en sus páginas los análisis de la situación que se vivía. En un relato, Luis Corvalán, secretario general del PC, contó que por radio, la dirigenta comunista, Julieta Campusano, leyó la declaración del Comité Central, la noche del 10 de septiembre.

Alejandra Rojas, en el libro “Salvador Allende. Una época en blanco y negro”, comentó, a raíz del titular de El Siglo, que “a lo largo de medio siglo, el crecimiento del Partido Comunista ha sido lento y sacrificado, en condiciones de histórica adversidad. Más de una vez ha sido traicionado por sus aliados; ha sido perseguido, mermado y desterrado; ha conocido el lenguaje de la represión desde Santa María de Iquique hasta la Ley Maldita. El heroísmo circunstancial no forma parte de sus principios. Para el Partido Comunista, la primera prioridad es ‘la gente del pueblo’. Su gente, su dirigencia, su estructura partidaria”.

La misma portaba llevaba notas y titulares secundarios que daban cuenta del ambiente que se vivía en el país. “Hampones de Vilarín asesinaron a pedradas a un carabinero: Nos”; “Plan antichileno de los golpistas: devolver el cobre”; “Drásticas medidas para asegurar el abastecimiento”; “Nuevo atentado dinamitero contra abastecimiento de pan”.

Fue la última edición de esa época. Una vez más el periódico El Siglo era víctima de las repugnantes y terribles medidas de censura y atentado al derecho a la información, decretada por la Junta Militar, avalada por la derecha política y por la Corte Suprema. Se prohibió por decreto una forma de pensamiento. Pasado el mediodía del 11 de septiembre, el periódico, al igual que otros medios de izquierda y populares, fue clausurado, ilegalizado, y comenzó la cacería de sus trabajadores y periodistas. Incluidos los obreros y personal de la Imprenta Horizonte donde ese martes se imprimió el último ejemplar del período. Varios de ellos siguieron circulando y mucha gente los resguardó hasta sacarlos en tiempos de pos dictadura.