La movilización del 21 de febrero constituyó un masivo repudio de la clase obrera y del pueblo a los planes hambreadores, represivos y entreguistas del gobierno de Macri.

Ahora, la cuestión esencial es cómo se le da continuidad

En efecto, la extraordinaria movilización realizada el 21f claramente expresó el cansancio y el repudio de los trabajadores y el pueblo frente a las agresiones que sufre a diario y significó asimismo un  paso hacia la construcción de un centro que unifique las luchas y que reclame y organice en forma inmediata, un paro general nacional para comenzar efectivamente a frenar el avance entreguista del neoliberalismo.

La realidad se va tornando insoportable y crudamente muestra que el gobierno macrista no se equivoca en los planes hambreadores que aplica. Todo lo contrario, ha venido para eso, para enriquecer aún más a los más ricos y a través de espúreas transferencias de ingresos volver más pobres a los pobres que ya son millones, golpear duramente a trabajadores activos y jubilados, terminar con la organización sindical por rama de producción, incrementar la desocupación,  imponer la flexibilización laboral y la tercerización, terminar con la discusión paritaria por gremios, desconocer derechos y afectar aún más a los sectores de nuestro pueblo más desguarnecidos.

Atentan contra el sistema educativo público y gratuito, cierran escuelas y  hospitales públicos y fuerzan el quiebre de pequeñas y medianas empresas,  liquidan la industria nacional, entregan  nuestras riquezas naturales y energéticas al capital transnacional y endeudan al país comprometiendo el futuro de varias generaciones. A la vez  “para garantizar la seguridad nacional” incrementan la represión, mantienen injustamente presos a determinados compatriotas, justifican el “gatillo fácil” y acuerdan con el imperialismo norteamericano la instalación de bases militares y servicios secretos de inteligencia.

Nuestro pueblo y los trabajadores están viendo cada día en forma más clara cuales son los propósitos que guían a Macri y sus socios, por eso salieron el 21f a la calle, superando las mentiras que trataron de imponer los medios de información que disfrazan la realidad. Aseguraban el fracaso porque algunos dirigentes sindicales no adhirieron a la marcha, además trataron de mostrar que era una cuestión de los trabajadores camioneros y que se trataba de defender a Hugo Moyano a quien acusan de determinadas faltas.

Toda esa falsedad quedó sepultada por una movilización que puso en el centro los verdaderos problemas, al margen de si hubo dirigentes que se bajaron como si fuera la primera vez que lo hacen. De lo que se trataba era de unir fuerzas contra el enemigo común y eso se logró. Por eso fue un éxito la combativa y ordenada movilización que evitó la acción de eventuales supuestos provocadores y,  sobre todo, impidió la provocación que arman los servicios y la policía con el fin de justificar la represión brutal e indiscriminada.

Por la marcha desfilaron docentes, estatales, municipales, panaderos, empleados de farmacia, del neumático, lucifuercistas de Córdoba y la Patagonia, trabajadores de la ANSES, de peajes, del CEAMSE, de la AFIP, judiciales, bancarios, de la salud, del Posadas, mineros, marítimos, portuarios, canillitas, cerveceros, aeronavegantes, calzado, municipales del SOEM, del juego de azar, pasteleros, textiles, ceramistas, comercio de Capital y de Rosario, aceiteros, del cuero, universitarios, periodistas, trabajadores del arte y la cultura, entre otros.

EL Partido Comunista, como no podía ser de otra manera, participó activamente en esta combativa jornada. Sus militantes sindicales , territoriales del Movimiento Territorial Liberacion (MTL),  agrarios del Movimiento Campesino Liberación (MCL), todos ellos enrolados en la Corriente Nacional “Agustín Tosco (CONAT) e integrantes de la CTA de Los Trabajadores, junto a nuestras y nuestros camaradas estudiantes, universitarios, profesionales, artistas e intelectuales, compartieron la jornada enarbolando nuestras consignas que propugnan la intensificación de las luchas, la ampliación de los espacios de unidad y de coordinación nacional en todos los niveles  y el reclamo de un paro nacional.

En ese sentido, nuestro Partido sostiene que esta combativa y unitaria jornada ha sido un  paso hacia la concreción de lo que ya ha comenzado a surgir, un espacio denominado “Multisectorial Federal” o “Coordinadora Sindical” que es la que concretó la movilización,  pero que aún no ha adquirido la fuerza organizativa y coordinada que exige la cruda realidad actual, es decir, en principio, un Centro Coordinador de las Luchas, que sirva para unir en la acción a diferentes organizaciones del campo popular: políticas, sindicales, sociales, territoriales, estudiantiles, culturales, cooperativas,  pequeña y mediana industria y comercio de la ciudad y del campo, las cuales, sobre la base de un insoslayable programa mínimo elaborado en común y sometido a la consideración de las bases de todas esas organizaciones, se proponga desarrollar la lucha social reivindicativa poniendo fin a los planes que aplica este gobierno.

Y precisamente, con la mirada puesta en ese objetivo básico, inmediato y elemental, la clase obrera organizada en un nuevo tipo de central, más democrática y participativa, ampliando su propia representación, hoy en profunda crisis de credibilidad, está llamada a cumplir un rol  de carácter  insustituible.

Reformular el Modelo Sindical: una exigencia de la hora

La situación en el movimiento obrero organizado resulta una dura muestra del retraso que existe en el campo nacional y popular con respecto a superar viejas modalidades de organización corporativa,  de connivencia con las patronales, de carácter gerencial y supeditada a los intereses de la clase dominante y al aparato del Estado, todo lo cual  conforma  un lastre para el proceso que vivimos.

La relación Estado-Movimiento dejó paso a un mecanismo más complejo: habilitó vías para incorporar a la clase obrera a una  suerte de “pacto social” y desde esa relación,  nació y creció una burocracia corporativa que, con matices, conservó su rol de mediación a lo largo de varias décadas y con diferentes gobiernos. En esencia,  la organización sindical se asumió como instrumento de integración y negociación, ajena por definición a toda pretensión de transformación revolucionaria de la sociedad.

Si la actual hora argentina exige profundas transformaciones, ya que  están siendo avasalladas las principales conquistas y derechos de los trabajadores, formales e informales, desocupados, tercerizados, flexibilizados, etc., entonces lo que alumbra  este momento es la necesidad y la posibilidad de modificar las estructuras y el funcionamiento de las  organizaciones sindicales vigentes  y no solamente en las bases, sino en el vértice superior nacional agrupando a diversas corrientes que están demostrando su voluntad de asumir el compromiso de lucha para vencer al enemigo instalado en el poder y que lo han puesto de manifiesto de diversas formas: huelgas, ocupaciones, marchas, actos, reclamos y particularmente en la última movilización del 21f.

Se debe destacar que en este proceso de resistencia se va configurando un espacio obrero-popular que abre otras perspectivas y debemos alentar. Se trata del espacio Multisectorial Federal, al que nos hemos referido anteriormente, surgido de varias reuniones ocurridas a niveles provinciales y luego plasmado en la Federación de Trabajadores Gráficos de Capital Federal, que está compuesto por diversos gremios  pertenecientes a la CGT como la “Corriente Federal”, Bancarios, Gráficos, Camioneros, Dragado de Puertos, Canillitas y otros, ambas CTAs., la Confederación de Jubilados, diversos movimientos sociales y Pymes, lo cual ha dado lugar a la constitución de esa Multisectorial que ya elaboró un proyecto de programa reivindicativo en proceso de debate y discusión.

Pero, asimismo, tales acciones e iniciativas deben dar lugar ya, a la vertebración de una nueva Central, o como se quiera llamar, que agrupe en su seno a gremios que pertenecen a la actual CGT, ambas CTAs y otras organizaciones independientes  que aún no se han sumado a ninguna  agrupación existente. Es un tema de debate y aún no existe un criterio único acerca de este tema crucial, pero los comunistas consideramos que resulta vital e impostergable considerarlo ya que la actual estructura sindical y las prácticas de las viejas conducciones burocratizadas no admiten ninguna  labor que pueda cuestionar  su hegemonismo conciliador con el poder ni permiten  la incorporación en su seno de millones de desocupados, informales y cooperativistas que militan en diversos movimientos sociales o que realizan labores en tareas vinculadas  a la ejecución de planes sociales y tampoco despiertan entusiasmo entre millones de jóvenes que se incorporaron al mercado del trabajo desde la década pasada. La crisis del viejo modelo sindical seguirá siendo una atmósfera propicia para  la reacción derechista que se adueñó del poder, que gobierna para los ricos, que desnaturaliza la función pública, que nos somete a la represión y legaliza el “gatillo fácil”, que distorsiona a la opinión pública o al llamado “imaginario popular” a través de los medios monopólicos de la información, que está permitiendo la instalación de bases militares por parte del imperialismo norteamericano y celebra acuerdos de guerra con el reaccionario Estado sionista de Israel, que se suma a los gobiernos más reaccionarios latinoamericanos para derrotar a la Revolución chavista venezolana o para golpear a Bolivia, entre otras cosas y en definitiva destruir la soberanía e independencia del Estado Nacional.

Nuevos sindicatos, nuevas divisiones

Entre 2003 y 2015 se crearon 711 nuevos sindicatos. ¿Ello significó que el poder gremial se hizo más fuerte? Todo lo contrario. El modelo creado en 1945 que se afianzó sobre la base de un Estado que le otorga personería a un sindicato (lo cual le da acceso a derechos exclusivos) y que los gobiernos de turno entendieron  como mayoritario, hoy está en crisis. La misma ley de Asociaciones Profesionales permite la vigencia de estatutos  que no garantizan la representación plural, que admiten la perpetuidad de las direcciones, que permiten la exclusión de listas opositoras y que en muchas ocasiones, cualquier dirigencia oportunista, conciliadora y gerencial junto a la patronal aprovechó para promover hasta la cesantía de los trabajadores y delegados  opositores a su gestión.

De todos modos, se debe reconocer que la organización de sindicatos por ramas de producción fue un avance y una conquista de la clase obrera convertida en un derecho observado por la propia Constitución Nacional. Sin embargo, hoy el  gobierno  representante del capital internacional altamente concentrado pretende destruir ese tipo de organización con el propósito de impulsar la estructuración de sindicatos y firmas de convenios por empresas. Lo mismo que pretende hacer con los docentes, liquidar la paritaria nacional para marchar a convenios por provincia o por escuela si consiguen destruir la enseñanza de carácter estatal, pública y gratuita. Este ensayo destructivo, lamentablemente ya lograron llevarlo a la práctica por medio de pseudo-convenios firmados con el sindicato de petroleros privados referido a los yacimientos de Vaca Muerta, con los directivos de SMATA y la empresa Multinacional Toyota y otros de menor envergadura pero que sientan precedentes.

Actualmente hay 1636 sindicatos con personería, pero también existen 1623 sindicatos simplemente inscriptos, sin embargo la afiliación sindical apenas roza el 30% de los asalariados. Y a nuestro juicio, se debe tener en cuenta que un nuevo tipo de organización debería ampliar su representación hacia los informales, contratados y tercerizados, sobre todo teniendo en cuenta que casi 1 de cada 3 trabajadores no goza de la formalidad, es decir, está en “negro” y a la vez, gran parte de la militancia que conforman los movimientos territoriales son desocupados que luchan por la recuperación del  puesto de trabajo. Igualmente existe una gran cantidad de trabajadores de cooperativas o de empresas llamadas de la “economía popular” y toda esta realidad debe ser considerada al momento de la necesaria recomposición del campo obrero y su aporte central a la organización de todo el campo popular.

Señalamos la necesidad de dar forma concreta e inmediata en principio, a un Centro Coordinador que sobre la base de un programa mínimo reivindicativo que responda a las exigencias y reclamos del momento, impulse las luchas y avance en la resolución y organización de un paro general de 24 horas con movilizaciones en todo el territorio nacional para una fecha lo más cercana  posible y, a partir de tales acuerdos, dar comienzo a la elaboración de una propuesta alternativa política de carácter frentista plural, nacional, anticapitalista y de integración latinoamericana capaz de construir un poder popular que eche las bases de  un país estructuralmente más justo, soberano, que termine con la tremenda desigualdad social que nos castiga, que haga realidad una equitativa  distribución de la riqueza, que propugne la defensa de nuestra producción y las fuentes de trabajo, que termine con los pactos que nos imponen los grandes centros del poder financiero y que pueda hacer realidad, por ese sendero, la verdadera y definitiva segunda independencia de nuestra querida Patria.

26 de febrero, 2018

Secretariado Nacional del Partido Comunista