A 50 años del mensaje del Che a los argentinos

El Partido Comunista realizó un acto de recordación, rescate actual y alta valoración del discurso que Ernesto Guevara brindara a un grupo de argentinos, dirigentes políticos y sociales, en La Habana, el 25 de mayo de 1962.

En el Teatro Bambalinas y a sala llena, con presencias y saludos destacados, el secretario general del Partido Comunista, Patricio Echegaray, se refirió a la condición de político y pensador del Che, la dedicación y enfoque a los problemas de Argentina para encarar un proceso revolucionario. A cincuenta años de aquellas palabras, el Partido Comunista se propone pensar las tareas políticas actuales, haciendo honor al gran revolucionario, cuyo legado nos convoca hoy con la fuerza imperiosa de la lucha por la liberación nacional y social, por la segunda y definitiva independencia.

Se contó entre los presentes a José María González de la embajada de la República Bolivariana de Venezuela, Alejandro de Michelis, secretario de Prensa de Ctera y con saludos de UTE, la Agrupación Nacional La Nunca Menos, el EDE Capital, el Capítulo Argentino de la Marcha Patriótica y entre los saludos los del legislador porteño Edgardo Form, Nono Frondizi, secretario adjunto de la CTA Nacional.

El discurso de Patricio Echegaray

Nos convocamos en este encuentro de la militancia del Partido Comunista y la Fede de la zona metropolitana, como lo están haciendo centenares de compañeros en otros actos en diversas zonas del país, para recordar la gesta del 25 de Mayo de 1810, a sus jóvenes protagonistas, a los Moreno, a los Castelli, a los Belgrano, a los San Martín, quienes iniciaron el camino de la independencia en nuestro país teniendo bien en claro, ya en esos tiempos, que la liberación nacional era impensable sin la emancipación continental, por lo que expandieron su espíritu liberador y jacobino a lo largo y ancho del continente, espíritu al que rendimos homenaje hoy, cuando se cumplen exactamente 190 años del triunfo de las tropas americanas al mando del mariscal Sucre sobre las tropas del general Aymerich consagrando la libertad del continente americano.

Pero también, y principalmente, queremos hoy homenajear a una de las figuras fundamentales de los procesos de lucha por la segunda y definitiva independencia que desde hace décadas impulsan nuestros pueblos en América Latina: Ernesto Che Guevara, que nos ha legado muchos aportes. Hoy hemos decidido recordarlo más allá del guerrillero heroico, más allá del dirigente destacado de la Revolución Cubana, más allá de ser el teórico marxista al que siempre hay que volver. Queremos recordarlo como el político revolucionario que nunca perdió de vista lo que sucedía en su país, aquí en la Argentina, que conocía nuestros problemas y que supo leer, en el complejo conjunto de la política argentina, cual era el tema central del que debíamos ocuparnos, cuál era el talón de Aquiles del movimiento popular: la ausencia de unidad.

Por eso creemos que es de enorme importancia recordar su Mensaje a los argentinos del que el 25 de mayo se cumplen cincuenta años. Este fue el mensaje más concreto que realizó el Che a los argentinos desde La Habana, en 1962, ante un conjunto de cuadros argentinos entre los que se encontraban militantes del Partido Comunista Argentino, como Ernesto Mario Bravo, Tavosnanska y Rossi, entre otros, y peronistas de avanzada, como John William Cooke y Alicia Eguren. Allí, el Che hizo referencia a lo que él consideraba el principal problema del campo popular argentino que era la dispersión, la desunión, la falta de encuentro entre los distintos sectores del campo popular.

En esta falta de unidad, el Che señaló una de las principales causas por las cuales el imperialismo había logrado frustrar los procesos de liberación nacional y social necesarios para concretar la segunda y definitiva independencia de nuestra patria.

Hoy, a cincuenta años de este importante mensaje, debemos reconocer que las palabras del Che tienen absoluta y urgente vigencia dado que aún cargamos como una deuda pendiente con nuestros pueblos, solucionar los temas de la división, resolver los temas de la unidad del campo popular. Señalamos que es urgente resolver hoy estos temas y lo hacemos teniendo en cuenta tanto los peligros como las posibilidades que enfrentamos en la actual coyuntura política de nuestro continente y que se pueden expresar en la dicotomía de: o marchamos hacia la liberación definitiva y a una perspectiva revolucionaria, como la que hoy sigue vigente en la revolución cubana, o podemos volver a una situación de colonia.

Crisis mundial capitalista

Los peligros están directamente relacionados con la llegada a nuestras costas de los efectos de la crisis mundial capitalista que indefectiblemente, no hay blindaje que valga, golpeará a los procesos progresistas que se llevan adelante en la región. En este contexto, y aprovechando las disputas distributivas que se van a producir y las diferenciaciones, divisiones, a lo que esto llevará, la derecha intentará recomponer posiciones y lanzar una contraofensiva sobre estos procesos.

Esto ya podemos percibirlo en nuestro país en sucesos como el ataque de los ruralistas a la Legislatura bonaerense, buscando impedir la aprobación de un mínimo revalúo de sus propiedades y dejando una vez más en evidencia su inagotable codicia; podemos verlo en las amenazas sufridas en estos días por varios de los testigos en los juicios contra los genocidas militares y civiles de la última dictadura y el asesinato en Trelew de un testigo en un caso de violencia policial. Esta contraofensiva se manifiesta, también, en la provocativa visita de Alvaro Uribe a nuestro país y el precipitado anuncio de Daniel Scioli -a quien debemos considerar como el principal candidato del establishment- de sus intenciones de ser el candidato a presidente por el PJ en 2015.

No hay dudas de que en el terreno de la lucha contra la avanzada de la derecha más vale prevenir que curar. Luego de creerse triunfadora tras el conflicto por la 125 y las elecciones del 2009, la derecha sufrió un duro golpe electoral en el 2011 y hoy, con la llegada de la crisis, y el siempre presente apoyo de la embajada norteamericana, busca tomar fuerzas para recuperar posiciones. Por eso debemos prepararnos, actuar y movilizarnos como lo hicieron los compañeros que han actuado enfrentando en la provincia de Buenos Aires la movilización de los ruralistas y su ataque a la Legislatura. Todo esto se da en el contexto de una fuerte ofensiva imperialista sobre la región latinoamericana, donde las bases militares norteamericanas ya llegan a 47 en América latina y el Caribe, incluyendo la que se está instalando en el Chaco, la base de la Otan en Malvinas y la activación de la 4ª Flota. Todo esto muestra la ofensiva en el terreno militar de los yanquis, que es complementada en lo político con la propuesta de la Alianza Igualitaria lanzada inicialmente a los países del Pacífico latinoamericano, la mayoría de los cuales han firmado los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, y la coordinación continental de los grandes monopolios de la información que operan constantemente contra los gobiernos progresistas en esta época.

Hoy el enfoque que tenemos que tener sobre la situación de Estados Unidos puede ubicarse en dos temas, Estados Unidos va perdiendo su fuerza como hegemonía y unipolaridad económica, que se ha deteriorado, y se avanza hacia una multipolaridad, pero sigue existiendo un unipolarismo militar por parte de Estados Unidos que como producto de la crisis capitalista y los cambios que han tenido lugar en el sistema internacional incrementan la agresividad, por un lado más debilidad en lo económico y, por el otro, más agresividad y peligrosidad. Esa es la síntesis de la situación con nuestro enemigo principal.

Frente a esta situación el planteo de unidad del Che presente en el Mensaje a los argentinos de 1962 que hoy recordamos y refrendado en el Mensaje a los pueblos del mundo por medio de la Tricontinental, en abril de 1967, cobran una fundamental vigencia frente a la contraofensiva del imperio y la derecha, y nos vuelve a enfrentar con esta asignatura pendiente que es la unidad del campo popular.

Una sola lucha

Recordemos lo que nos decía el Che en ese Mensaje:
“Todo es parte de una sola lucha, y es verdad cuando el imperialismo lo llama con un denominador común, porque aun cuando las ideologías cambien, aun cuando uno se reconozca comunista, o socialista, peronista, o cualquier otra ideología política en determinado país, sólo caben dos posiciones en la historia: o se está a favor de los monopolios, o se está en contra de los monopolios. […] Todos los que luchamos por la liberación de nuestros pueblos luchamos al mismo tiempo, aunque a veces no lo sepamos, por el aniquilamiento del imperialismo. Y todos somos aliados, aunque a veces no lo sepamos, aunque a veces nuestras propias fuerzas las dividamos en querellas internas, aunque a veces por discusiones estériles dejamos de hacer el frente necesario para luchar contra el imperialismo. Pero todos, todos los que luchamos honestamente por la liberación de nuestras respectivas patrias, somos enemigos directos del imperialismo. En este momento no cabe otra posición que la de lucha directa o la de colaboración. Y yo sé que ninguno de ustedes es colaborador del enemigo.”

Estas palabras tienen hoy plena vigencia. Por eso los comunistas nos comprometemos a seguir y acentuar la lucha por conseguir la unidad del campo popular, por la constitución del frente de liberación nacional y social que venimos proponiendo desde hace años.

La deuda existe, pero también existen algunos datos que nos alientan. Nos alienta la reunión de Mar del Plata de fin del año pasado donde nos reunimos un amplio espectro de fuerzas nacionales, con representantes de prácticamente todos los procesos progresistas latinoamericanos, para celebrar el aniversario del entierro del Alca en Mar del Plata, y en el cual junto a Chávez y Fidel el presidente Kirchner jugó un grande, destacado y principal papel. En esa reunión de fin de año en Mar del Plata se decidió constituir un Foro Antimperialista permanente entre las distintas fuerzas allí presentes, tanto las nacionales como las internacionales. Y está por delante y debemos comprometernos a que este año la recordación del entierro del Alca como lo llamó inspiradamente el Comandante Chávez, en esa circunstancia, se transforme en una celebración de masas enorme que pueda ser realizada en el estadio mundialista de Mar del Plata.

Avances

También nos alienta la constitución del Frente Nacional por la Soberanía Energética, Frenase, que ahora se ha creado en las provincias de Buenos Aires, Jujuy, La Rioja, y está en proceso de conformación en todo el país para enfrentar uno de los desafíos más importantes que tenemos como lo es la recuperación de la soberanía energética, tema que debemos tomar con toda seriedad luego de que las medidas tomadas en YPF abrieran una importante puerta para avanzar decididamente en la plena recuperación de la empresa la cual, insistimos, debe ser recuperada como empresa pública y no como sociedad anónima.

Y nos alienta un mensaje como el que se dio en Vélez Sarsfield. Nosotros creemos que el llamado a la unidad y a la organización que allí se hizo debiera ser en el sentido del llamado a la construcción de un Frente como lo planteaba el Che Guevara en su Mensaje a los argentinos. De ese acto creemos ver que surge la señal de que todos vamos comprendiendo, inclusive las fuerzas hegemónicas dentro del gobierno, que las dificultades de la etapa y los desafíos planteados exceden la fuerza de cualquier partido o agrupamiento político por sí solo, por más grande que crea serlo. Se va evidenciando que la convergencia de distintos sectores y la pluralidad marcan el camino de la acumulación de poder necesaria para mantener abierto el proceso iniciado hace más de nueve años y empujarlo hacia delante en esta etapa tan difícil y compleja. La unidad es algo muy complicado, tenemos diversas experiencias que no han tenido duración. La exigencia principal para lograr la fortaleza y durabilidad de la unidad que construyamos, pasa por entender que lejos está la unidad de la ausencia de debate.

Nos alienta el acto por el 1º de Mayo que realizamos desde la CTA en la Federación de Box.

Ha habido etapas de construcción de unidad con espíritu dogmático y religioso, estar en unidad significaba estar de acuerdo en el ciento por ciento y eso le dio a todas las experiencias realizadas un alto grado de fragilidad. La unidad que debemos construir pasa por entender como elementos legitimadores el debate y la disputa en una relación democrática y no subordinada entre sus integrantes. Para lograr esto resulta indispensable llegar a acuerdos en un debate ideológico que supere enemigos terribles de la unidad, que supere el macartismo, que supere el antiperonismo y que también supere las visiones oportunistas que tienden a pensar la unidad como un proceso de mimetización bajo la hegemonía de las fuerzas predominantes. Y es en este sentido, con esta óptica, con la que realizamos nuestra caracterización del gobierno, cuyos logros hemos apoyado con claridad desde nuestra autonomía política.

Enfoques

Nosotros con estos enfoques, desde nuestra cultura política llamamos a unir fuerzas, a trabajar y a darle consistencia a la unidad de los sectores populares de carácter popular, democrático y antimperialista. ¿Por qué no podríamos hacerlo? ¿Quién nos lo puede impedir? Nadie. Consideramos un deber revolucionario de los comunistas poner todo nuestro empeño, nuestra fuerza para conquistar este alto objetivo de la unidad del campo popular argentino. Pero no se puede avanzar en el trabajo unitario sin admitir que requiere una metodología, que la unidad es inseparable del debate enérgico, constructivo y de la disputa real y también leal. Y por eso nos esforzamos en debatir con el gobierno los rumbos a seguir, la profundización necesaria. Nos esforzamos en debatir con sectores de izquierda que teniendo una historia, una capacidad de lucha que no desconocemos y valoramos, para justificar su prescindencia en algunos combates con la derecha, su indiferencia, sostienen que aquí sólo hay una lucha interburguesa y ponen su acento en la oposición sistemática al gobierno argentino -y a otros gobiernos progresistas latinoamericanos- para terminar desgraciadamente, como ocurrió con la 125, en el Monumento de los Españoles, junto a los sectores más reaccionarios del país, con Cecilia Pando, con Miguens, con Biolcatti, con los genocidas, es decir, junto a los sectores más reaccionarios del país.

Tampoco queremos eludir un debate con los sectores socialdemócratas agrupados en el FAP que, luego de haber coqueteado con la oligarquía por la 125, hoy, en concordancia con la debacle en que ha caído la socialdemocracia en el mundo luego de haber asumido la administración de los modelos neoliberales y los dictados del FMI, desmantelando los Estados de Bienestar por ellos creados hace décadas en Europa, han quedado encerrados en la lógica burguesa de reducir la política y sus alianzas a un posicionamiento electoralista entre oficialismo y oposición, que los lleva por caminos de oposición sistemática y los aleja de las necesarias coincidencias para construir poder popular. La constitución del frente que nos proponemos y al cual convocamos, nos otorgaría indiscutiblemente más fuerza para enfrentar a la derecha, para defender lo logrado en estos años y, sobre todo, para avanzar decididamente sobre lo que falta, ya que solo avanzando, y avanzando firme y audazmente en el camino de las tareas aún pendientes podremos frustrar los planes restauradores que abrigan la derecha vernácula y el imperialismo.

No se puede pensar que solo con mayorías electorales, que por caudalosas que sean no dejan de estar permanentemente acechadas por la transitoriedad, se puede defender y profundizar estos procesos. Hay que construir el sujeto popular que los sustente y los impulse, sabiendo que lo electoral es una condición necesaria, pero no es una condición suficiente. Hasta ahora los procesos latinoamericanos, cada uno de ellos, quizá con una diferenciación de profundidad en Venezuela, y aprovechamos la circunstancia para llevar a su pueblo y al Comandante Chávez un abrazo y augurar el mejor de los triunfos en octubre. Pero con esta excepción, estos procesos han realizado la importante tarea nada más y nada menos que de limar los perfiles más duros del neoliberalismo. Esto ha sido muy importante, pero en esta nueva etapa se trata de avanzar hacia cambios estructurales en el sistema, lo cual nos enfrentará a obstáculos y resistencias cada vez más duros, ya que avanzar consecuentemente en un sentido antineoliberal nos llevará a confrontarnos con la estructura misma del capitalismo.

De Frente

Como decíamos, es conocida nuestra defensa de los logros del gobierno, en primer lugar la ruptura de las relaciones carnales con el imperialismo a que nos habían llevado el neoliberalismo de Menem, De la Rúa, Chacho Alvarez. Habernos integrado al proceso latinoamericano es un mérito enorme de este proceso abierto en 2003 con el presidente Kirchner. Cuando la derecha dice que la Argentina ha perdido su lugar en el mundo y andamos como parias por el planeta, en realidad están lamentándose porque por primera vez estamos donde debemos estar, no mirando hacia Estados Unidos y mirando hacia Europa, sino integrados en el proceso antineoliberal y con promesas liberadoras y revolucionarias que hay en América latina.

Defendemos medidas positivas que se han tomado en la economía, particularmente lo que significó la anulación de las leyes de impunidad, la obediencia debida y el punto final, aprovechando para recordar que la primera propuesta, la que terminó tomando el gobierno, es la propuesta de anulación que hizo en el Parlamento el diputado Floreal Gorini y que fue elaborada por nuestro camarada Carlos Zamorano.

Valoramos estas medidas y defendemos este proceso desde lo nacional y desde la perspectiva en el plano continental. Sabemos que si cae Venezuela sería un retroceso gigantesco que atentaría contra las posibilidades del proceso latinoamericano en su conjunto y si cae el proceso argentino también sería un retroceso que atentaría contra las posibilidades de Latinoamérica. Por eso desde esta postura, desde el más absoluto realismo y no desde una impaciencia voluntarista, es que sostenemos que es imprescindible profundizar y radicalizar los cambios estructurales que nuestro país necesita imperiosamente.

Lo decimos una vez más, defendemos los importantes logros alcanzados sin dejar de reconocer y reclamar por todo lo que falta, mirando con un ojo a América Latina y valorando la importancia del papel del gobierno nacional en el proceso de integración, y siguiendo atentamente, con el otro ojo, el peligro que representa el espacio que se va confirmando como oposición en el país, cuyo triunfo solo puede representar un peligroso retroceso. Significaría volver a lo que no queremos volver, no solo a la superexplotación económica, a la entrega, al saqueo, sino también a la represión, inherentes a la aplicación de esas políticas. Hay que reconocer que el desafío es inmenso, necesitamos cada vez más fuerza, más unidad y más organización. Necesitamos un frente. ¿Cómo debe ser este frente, sobre el cual estamos dispuestos a debatir?

Nuestra política y nuestra voluntad frentista hoy se expresa en el Frente Nuevo Encuentro, que es de carácter político y electoral, al que damos gran importancia y buscamos desarrollar y perfeccionar. Sabemos que es muy importante, pero sabemos que no alcanza. Lo que nos planteaba el Che y lo que pretendemos debatir es un frente de carácter estratégico, que sirva para defender este proceso y que nos sirva para profundizarlo y avanzar hacia los cambios estructurales de carácter revolucionario.

Creemos que este frente debe contener a las distintas ideologías y a las distintas corrientes en que se agrupan las ideologías en la Argentina: el marxismo socialista y comunista, el nacionalismo popular revolucionario, el cristianismo revolucionario y los diversos sectores antimperialistas, políticos o sociales. Hablamos de un frente que agrupando estas identidades con amplitud y profundidad vaya transformando al sujeto social en sujeto político. Un bloque político transformador. En la conformación de este sujeto plural, la clase obrera esta llamada a ocupar un lugar central en alianza con sectores medios de la ciudad y el campo, los estudiantes y los intelectuales. Este sujeto pueblo deberá asumir la responsabilidad de dar todos los debates necesarios en un marco unitario y a la vez, en disputa con los demás integrantes del frente, jugar un papel central en las políticas del mismo y evitar que éste quede sujeto a las vacilaciones de un progresismo burgués con el cual seguramente compartiremos importantes tramos del camino, pero que, por su carácter posibilista, no apuesta a las verdaderas transformaciones de fondo que los problemas nacionales requieren.

¿De qué forma deberíamos unirnos?

Tenemos una fuente de inspiración en la experiencia del Frente Amplio Uruguayo con su estructura de movimiento y de coalición de partidos al mismo tiempo, respetuoso de las identidades políticas y partidarias preexistentes a la vez que va generando una nueva cultura política frentista basada en una gran amplitud y en una sólida profundidad programática, lo que va construyendo una nueva identidad que hace que puedan llamarse frenteamplistas.

La cultura política del frente debe combinar sabiamente una ecuación donde se mezclen la unidad y la amplitud con una sólida profundidad programática.

Esta profundidad programática resulta central, y en este aspecto, los comunistas tenemos en claro cuáles son las tareas impostergables que hay que impulsar para sostener y profundizar este proceso, y que las hemos ido desarrollando en los documentos partidarios presentados en el Hotel Castelar a partir de consignar y agrupar las demandas que el movimiento popular argentino viene sosteniendo en su lucha.

El primer punto debe ser:

  • Profundización y fortalecimiento de la Integración latinoamericana.

A través de la Celac, del Mercosur, de la Unasur, del Grupo de Río, de la puesta en marcha, a esta altura imprescindible, del Banco del Sur, de una asociación con el Alba y el Tratado de Comercio de los Pueblos y de la creación y fortalecimiento de toda clase de mecanismos de integración que tiendan a unificar económica, social, política y militarmente toda la región con articulaciones laborales, productivas y de cooperación científica desarrolladas en cada país. De este modo podremos atemperar y aun superar los efectos de la megacrisis que sufre el mundo. En el plano continental es más fácil resistir el impacto de la crisis.

  • Distribución de la riqueza y reforma impositiva.

Esto implica el aumento de los salarios, las jubilaciones y pensiones para todos, no es momento de pedir a los obreros que moderen sus pedidos, el salario es el gran tonificador del mercado interno, los que deben moderarse son los grandes capitales, son esas quinientas empresas que más facturan y más ganan en el país y la mayoría pertenecen al campo de los monopolios y, como dijo la Presidenta, han ganado y siguen ganando con pala. Creemos que se deben aumentar las jubilaciones, las pensiones, que se debe implementar un plan que apunte a resolver el enorme déficit habitacional y un plan de recomposición y modernización del sistema ferroviario, para lo cual se pueden utilizar parte de las reservas existentes, aprovechando las modificaciones en la Carta Orgánica del Banco Central. Hay dinero, si se puede sacar para pagar deuda, se puede sacar para modernizar los ferrocarriles y para achicar el déficit de viviendas.

Una profunda reforma impositiva que, afectando las grandes fortunas y las enormes utilidades empresariales, haga realidad el principio de progresividad (no puede ser que en el sistema argentino el IVA, el impuesto más regresivo, continúe siendo la principal fuente de recaudación mientras existen grandes riquezas y ganancias que se mantienen exentas de tributar o que se recauden “ganancias” en los sueldos de maestros, camioneros, enfermeros y empleados en general).

  • Recuperación de la plena soberanía del Estado sobre el patrimonio nacional enajenado, de nuestros recursos naturales y de nuestro territorio.

Con esto lograríamos poner a disposición de un desarrollo nacional armónico, y disfrutable por todo el pueblo, la renta de la cual hoy se apropian en su mayoría monopolios extranjeros que remesan sus grandes ganancias a las metrópolis del norte. El petróleo, el gas, la minería, los recursos naturales en su conjunto, las empresas de servicios públicos malvendidas en los 90, deben volver a estar al servicio de la sociedad y no del afán de lucro y de las especulaciones de compañías trasnacionales.

El gran tema de recuperar nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas ocupa un lugar central en las tareas que debemos plantearnos ya que es una causa latinoamericana y antimperialista que abarca la problemática de las reservas naturales y energéticas existentes en la zona y la necesidad de emprender una inmediata desmilitarización del Atlántico Sur para garantizar la paz y la seguridad de los pueblos en la región y en el mundo. Por todo esto apoyamos sin reserva e impulsamos las políticas llevadas adelante por el gobierno en pro de la recuperación de la soberanía sobre nuestras Islas Malvinas. Las Malvinas son argentinas, qué duda cabe.

  • Transformación del sistema financiero.

En este sentido, pedimos la anulación de la Ley de Entidades financieras vigente desde la última dictadura militar y defendemos que la actividad financiera debe ser un servicio público orientado a satisfacer las necesidades transaccionales, de ahorro y crédito de todos los habitantes de la Nación, y contribuir a su desarrollo económico y social.

  • Impulsar el desarrollo rural y la reforma agraria

Consideramos imprescindible impulsar el desarrollo rural por medio del debate parlamentario propuesto por el movimiento campesino y la aprobación consecuentemente de un paquete de leyes imprescindibles, como la ley contra los desalojos rurales, la ley contra las fumigaciones, la necesidad de profundizar la ley contra la extranjerización de la tierra y la nacionalización de las ya extranjerizadas, la creación de organismos de control e intervención estatal, que ya existieron en otros momentos en la Argentina como la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes, la reglamentación del uso y tenencia de la tierra, los planes de gradual desarrollo del modelo productivo hegemónico deben ser cambiados mediante una ley de desarrollo agrario nacional. Todo esto manteniendo firme la convicción sobre la necesidad de llevar adelante una profunda reforma agraria que entregue la tierra a quienes la trabajan, a las comunidades campesinas y los pueblos originarios. Este será el mejor homenaje a los cien años que se cumplirán del glorioso Grito de Alcorta.

  • Promoción de la economía social.

Resulta fundamental en todo proyecto transformador dar un fuerte impulso a la expansión del mercado interno popular no solo mediante el sueldo, las jubilaciones y las pensiones y aumentando los presupuestos de educación y salud, sino una verdadera redistribución de ingresos hacia abajo y un decidido apoyo a las empresas populares como cooperativas, fábricas y empresas recuperadas, emprendimientos familiares y una fuerte promoción de las pymes.

  • Profundización democrática.

Debemos sumar la voluntad política necesaria para aprobar leyes que hagan ejecutables los Convenios sobre Desaparición Forzada de Personas y de Prevención del Genocidio (¡aprobados en 1948!) y establecer una estrategia estatal unificada que permita acelerar los juicios, unificarlos y apuntarlos hacia el poder real, hacia ese poder económico que vemos simbolizado en Martínez de Hoz y las clases dominantes que sostuvieron y se beneficiaron del genocidio, que respaldaron, utilizaron y lanzaron a los militares como chacales contra su propio pueblo. También debemos avanzar en la modificación del Código Penal y terminar con una cultura represora que es la que ampara la prepotencia represiva y a menudo criminal de las policías provinciales y la Federal, la Gendarmería, la Prefectura y los miles de efectivos irregulares que revistan en las llamadas agencias privadas de seguridad regenteadas (y así lo exige la ley) por ex militares, muchos de ellos parte del proyecto y la acción genocida. Nos hace falta voluntad política para modificar estructuralmente el sistema político, exactamente en la dirección opuesta a la que establece la actual Ley de Partidos Políticos que aprobaron los radicales y PJ, y que es fuertemente discriminatoria y restrictiva, para no llamarla directamente proscriptiva. Hace falta voluntad política para otorgarle el reconocimiento a la CTA y avanzar en la libertad sindical según lo establece el Convenio número 87 de la OIT suscripto por la Argentina y cuya puesta en marcha se encuentra paralizada, por lo que al día de hoy son más de mil los sindicatos con trámite de inscripción gremial a los que nos se les concede la personería, lo que ubica a una parte importante del movimiento obrero en situación de extrema debilidad frente a las patronales por no poder contar con el fuero sindical, que es una conquista de las luchas obreras argentinas que vienen desde hace muchísimos años. En este sentido es fundamental que pongamos en marcha diversos mecanismos de consulta popular que resultarían de enorme importancia para legitimar las medidas transformadoras.

Un ejemplo de esto es el valioso proceso de foros, debates y propuestas con el que se elaboró la Ley de Medios y se venía discutiendo hace muchos años. Esto debería servirnos como ejemplo para impulsar procesos similares en todas las leyes complejas como podría ser la ley de aborto, el debate sobre la reforma agraria y otras leyes fundamentales que necesita nuestro país.

  • Distribución de la riqueza y reforma impositiva.

Esto implica el aumento de los salarios, las jubilaciones y pensiones para todos, no es momento de pedir a los obreros que moderen sus pedidos, el salario es el gran tonificador del mercado interno, los que deben moderarse son los grandes capitales, son esas quinientas empresas que más facturan y más ganan en el país y la mayoría pertenecen al campo de los monopolios y, como dijo la Presidenta, han ganado y siguen ganando con pala. Creemos que se deben aumentar las jubilaciones, las pensiones, que se debe implementar un plan que apunte a resolver el enorme déficit habitacional y un plan de recomposición y modernización del sistema ferroviario, para lo cual se pueden utilizar parte de las reservas existentes, aprovechando las modificaciones en la Carta Orgánica del Banco Central. Hay dinero, si se puede sacar para pagar deuda, se puede sacar para modernizar los ferrocarriles y para achicar el déficit de viviendas.

Una profunda reforma impositiva que, afectando las grandes fortunas y las enormes utilidades empresariales, haga realidad el principio de progresividad (no puede ser que en el sistema argentino el IVA, el impuesto más regresivo, continúe siendo la principal fuente de recaudación mientras existen grandes riquezas y ganancias que se mantienen exentas de tributar o que se recauden “ganancias” en los sueldos de maestros, camioneros, enfermeros y empleados en general).

  • Recuperación de la plena soberanía del Estado sobre el patrimonio nacional enajenado, de nuestros recursos naturales y de nuestro territorio.

Con esto lograríamos poner a disposición de un desarrollo nacional armónico, y disfrutable por todo el pueblo, la renta de la cual hoy se apropian en su mayoría monopolios extranjeros que remesan sus grandes ganancias a las metrópolis del norte. El petróleo, el gas, la minería, los recursos naturales en su conjunto, las empresas de servicios públicos malvendidas en los 90, deben volver a estar al servicio de la sociedad y no del afán de lucro y de las especulaciones de compañías trasnacionales.

El gran tema de recuperar nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas ocupa un lugar central en las tareas que debemos plantearnos ya que es una causa latinoamericana y antimperialista que abarca la problemática de las reservas naturales y energéticas existentes en la zona y la necesidad de emprender una inmediata desmilitarización del Atlántico Sur para garantizar la paz y la seguridad de los pueblos en la región y en el mundo. Por todo esto apoyamos sin reserva e impulsamos las políticas llevadas adelante por el gobierno en pro de la recuperación de la soberanía sobre nuestras Islas Malvinas. Las Malvinas son argentinas, qué duda cabe.

  • Transformación del sistema financiero.

En este sentido, pedimos la anulación de la Ley de Entidades financieras vigente desde la última dictadura militar y defendemos que la actividad financiera debe ser un servicio público orientado a satisfacer las necesidades transaccionales, de ahorro y crédito de todos los habitantes de la Nación, y contribuir a su desarrollo económico y social.

  • Impulsar el desarrollo rural y la reforma agraria

Consideramos imprescindible impulsar el desarrollo rural por medio del debate parlamentario propuesto por el movimiento campesino y la aprobación consecuentemente de un paquete de leyes imprescindibles, como la ley contra los desalojos rurales, la ley contra las fumigaciones, la necesidad de profundizar la ley contra la extranjerización de la tierra y la nacionalización de las ya extranjerizadas, la creación de organismos de control e intervención estatal, que ya existieron en otros momentos en la Argentina como la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes, la reglamentación del uso y tenencia de la tierra, los planes de gradual desarrollo del modelo productivo hegemónico deben ser cambiados mediante una ley de desarrollo agrario nacional. Todo esto manteniendo firme la convicción sobre la necesidad de llevar adelante una profunda reforma agraria que entregue la tierra a quienes la trabajan, a las comunidades campesinas y los pueblos originarios. Este será el mejor homenaje a los cien años que se cumplirán del glorioso Grito de Alcorta.

  • Promoción de la economía social.

Resulta fundamental en todo proyecto transformador dar un fuerte impulso a la expansión del mercado interno popular no solo mediante el sueldo, las jubilaciones y las pensiones y aumentando los presupuestos de educación y salud, sino una verdadera redistribución de ingresos hacia abajo y un decidido apoyo a las empresas populares como cooperativas, fábricas y empresas recuperadas, emprendimientos familiares y una fuerte promoción de las pymes.

  • Profundización democrática.

Debemos sumar la voluntad política necesaria para aprobar leyes que hagan ejecutables los Convenios sobre Desaparición Forzada de Personas y de Prevención del Genocidio (¡aprobados en 1948!) y establecer una estrategia estatal unificada que permita acelerar los juicios, unificarlos y apuntarlos hacia el poder real, hacia ese poder económico que vemos simbolizado en Martínez de Hoz y las clases dominantes que sostuvieron y se beneficiaron del genocidio, que respaldaron, utilizaron y lanzaron a los militares como chacales contra su propio pueblo. También debemos avanzar en la modificación del Código Penal y terminar con una cultura represora que es la que ampara la prepotencia represiva y a menudo criminal de las policías provinciales y la Federal, la Gendarmería, la Prefectura y los miles de efectivos irregulares que revistan en las llamadas agencias privadas de seguridad regenteadas (y así lo exige la ley) por ex militares, muchos de ellos parte del proyecto y la acción genocida. Nos hace falta voluntad política para modificar estructuralmente el sistema político, exactamente en la dirección opuesta a la que establece la actual Ley de Partidos Políticos que aprobaron los radicales y PJ, y que es fuertemente discriminatoria y restrictiva, para no llamarla directamente proscriptiva. Hace falta voluntad política para otorgarle el reconocimiento a la CTA y avanzar en la libertad sindical según lo establece el Convenio número 87 de la OIT suscripto por la Argentina y cuya puesta en marcha se encuentra paralizada, por lo que al día de hoy son más de mil los sindicatos con trámite de inscripción gremial a los que nos se les concede la personería, lo que ubica a una parte importante del movimiento obrero en situación de extrema debilidad frente a las patronales por no poder contar con el fuero sindical, que es una conquista de las luchas obreras argentinas que vienen desde hace muchísimos años. En este sentido es fundamental que pongamos en marcha diversos mecanismos de consulta popular que resultarían de enorme importancia para legitimar las medidas transformadoras.

Un ejemplo de esto es el valioso proceso de foros, debates y propuestas con el que se elaboró la Ley de Medios y se venía discutiendo hace muchos años. Esto debería servirnos como ejemplo para impulsar procesos similares en todas las leyes complejas como podría ser la ley de aborto, el debate sobre la reforma agraria y otras leyes fundamentales que necesita nuestro país.

Protagonismo popular

Se trata de ampliar y facilitar la representación popular, de hacer efectivos los nuevos mecanismos de participación como la iniciativa popular y el plebiscito establecidos en los artículos 39 y 40 de la Constitución Nacional y que a dieciocho años de su sanción aún no han sido reglamentados.

Por supuesto decimos que la democratización, la profundización de la democracia en la Argentina exige de manera prioritaria derogar la Ley Antiterrorista, perfeccionada y sostenida por el gobierno en consonancia con los intereses de los EE.UU. Y en ese sentido reivindicamos haber presentado inmediatamente un proyecto de derogación de esta ley en el Parlamento y debemos comprometernos a redoblar los esfuerzos para alcanzar este objetivo. La Ley Antiterrorista debe ser derogada.

Proponemos un último punto que no está en el texto, y lo agrego, que es el tema de la Constitución, se esta hablando de reforma. Lo discutiremos. Personalmente opino que deberíamos organizar la discusión por el lado de las experiencias que han hecho otros países del proceso latinoamericano, que no se han propuesto reformas de constituciones, sino la elaboración de nuevas constituciones para consignar, defender, hacer si fuera posible irreversibles los cambios logrados y proponerse objetivos más avanzados. Creo que es este el camino que debemos seguir. No reforma sino debate sobre una nueva constitución, un nuevo Estado, mirando la defensa de lo actual y proyectado hacia el futuro de cambios profundos que necesitamos.

Proponemos estos ejes de acción programática no sólo porque entendemos que hay que avanzar contra el neoliberalismo sino porque nos proponemos avanzar en dirección a un debate sobre el poscapitalismo. A un debate sobre la necesidad del socialismo, de llevar adelante una revolución socialista de liberación nacional. Esta intención nos impone el desafío de lograr una unidad orientada no solo a defender o renovar en un sentido de cambio los gobiernos, sino necesitamos una unidad que trascienda el problema gubernamental y penetre en el problema crucial de la construcción de un nuevo tipo de poder, necesitamos unidad para avanzar en la construcción de las bases de un poder popular en la Argentina y a esto queremos aportar los comunistas, y lo estamos haciendo. Pero queremos aportar cada vez más, y con mayor eficacia, y por supuesto lo queremos hacer desde nuestra cultura, desde la cultura que nos señala el Che, desde la cultura que nos señala Fidel, desde la cultura que inspiró a Gorini a ser el primero en presentar el proyecto de Ley de Anulación de los monstruosos engendros que eran las leyes de impunidad, la cultura comunista en la que se inscribe el Mensaje del Che a los argentinos, porque estamos seguros que ella puede enriquecer todos los aspectos de la lucha política, social, ética, moral, cultural. No solo puede aportar a la batalla de ideas, sino que aportando a la batalla de ideas puede aportar a la construcción del nuevo país, más justo, más solidario que necesitamos. En ese sentido debemos ser conscientes de las exigencias que esto nos plantea y desde dónde partimos. Esto nos hace chocar de frente con el gran tema del partido y cómo avanzar del partido que tenemos al que necesitamos. Primero, debemos valorar el proceso de todos estos años en que hemos resistido a los discursos del fin de la historia, fin de las ideologías, que significaron defender al PC, los ideales comunistas y el acervo doctrinario del marxismo, sin el cual no hay crítica de fondo al capitalismo, ni construcción efectiva de alternativa y de proyectos superadores éste. Debemos valorar que hemos logrado que el PC y la Fede sigan existiendo, como un partido nacional, un partido que conserva sus vínculos internacionales; no sólo los vínculos sino también el reconocimiento de todo el movimiento revolucionario y de avanzada internacional por nuestra inclaudicable vocación antimperialista y por el heroísmo de nuestros militantes tanto adentro como fuera de nuestro país, lo que se ha mostrado en distintas acciones solidarias que queremos personificar recordando las insignes figuras de Fanny Edelman y de Marcelo Feito. Hemos logrado defender esto, este preciado bien que es el marxismo, el Partido, la Fede, contra la ofensiva no de cualquiera, sino contra la contrarrevolución conservadora, contra Brsezinscky, Fukuyama, contra los documentos de Santa Fe 1, 2, 3 y 4, contra Thatcher, Reagan, contra el imperio. Es una base importante lo que hemos mantenido, pero no podemos conformarnos. Es una base para crecer, y están dadas las condiciones para crecer, están dadas por razones profundas, por la crisis capitalista y su carácter civilizatorio. Por el proceso de resurrección del marxismo y porque hemos sostenido la estructura y nos impone el crecimiento como un imperativo real y posible. Para sostener este objetivo no se puede actuar sobre la base de discursos y proclamas solamente, deben ser afirmados por una voluntad planificada dirigida a la sociedad en general, pero orientada a crecer en el movimiento obrero y entre los estudiantes. Política de concentración en el crecimiento, en la iniciativa, en los cuadros, en las finanzas. Esto tiene un requisito, que es inviolable, la unidad del partido, de enorme importancia, que abarca aspectos no solo organizativos, sino ideológicos, políticos y de la ética revolucionaria. La unidad debe ser una preocupación, un objetivo concreto y cotidiano de cada militante en su labor.

Requisito: la unidad

Nuestra propuesta de unidad del campo popular debe ser respaldada con unidad al interior de nuestro partido. Si predicamos la unidad y nos dedicamos a combatirnos entusiastamente entre nosotros, nuestro discurso no será creíble para un aporte sólido y decisivo a la unidad del movimiento popular como nos pedía el Che.

Crecer significa abrir generosamente las puertas a todos los compañeros que están volviendo al partido, que habían dejado de militar por distintas circunstancias y que hoy están volviendo. Nuestra actitud debe ser de la más amplia fraternidad. Hay un lugar para la lucha por el bien y la felicidad del pueblo.

Y sobretodo significa abordar decididamente a las nuevas generaciones de obreros, de estudiantes, de intelectuales que nos dieron un enorme respaldo en este último periodo y se han incorporado por miles al Partido dándonos la posibilidad de ser un Partido nacional aun en las condiciones restrictivas que plantea la nueva Ley de Partidos vigente.

Debemos fortalecer al Partido y la Fede para lograr la fuerza necesaria para impulsar la unidad y enfrentar al neoliberalismo, sabiendo que de esta manera estaremos enfrentando al capitalismo en su conjunto desde una nueva alternativa.

No se puede esperar sentados en la tribuna que sólo de los gobiernos salgan las propuestas superadoras y las iniciativas a seguir. La construcción de alternativas no puede esperarse de los gobiernos que ante todo enfrentan los desafíos de la administración del Estado y que suelen limitar su accionar dentro de los parámetros que permite el sistema capitalista. La alternativa para el momento actual debe salir de una propuesta frentista, amplia, profunda, que construya poder popular y sostenga y a la vez impulse resueltamente a los gobiernos a avanzar en las transformaciones de fondo.

En esto juega un papel importante la participación política de la juventud, hay un vuelco revolucionario en la incorporación de la juventud a la lucha, como el 24 de marzo, está presente en las luchas de los estudiantes chilenos que han puesto en jaque al gobierno empresario de la derecha. Está presente en la Marcha Patriótica en Colombia como aporte al desarrollo progresista en la región. Y la movilización de la juventud mexicana que han llenado la plaza del Zócalo y la de Tlatelolco. Esto está verificado por nosotros, son jóvenes la mayoría de los veinte mil afiliados que nos dieron la personería. La idea de un partido fuerte no debe ser una búsqueda nostálgica en el pasado. Debe ser una tarea intensa y planificada a lograr en el futuro inmediato. Lo que ha fracasado en la Argentina, como está fracasando en el mundo, es el capitalismo. Y no hay tipos de capitalismo, de tercera vía, serio, humanista, que pueda resolver el problema de la crisis. Doscientos años de capitalismo han logrado que en un país inmensamente rico, con población capacitada, produciendo alimentos para 500 millones de personas, hay millones de argentinos que no consumen las calorías en cantidad y calidad para una vida normal. No se puede conciliar. Por eso planteamos avanzar en el debate sobre una sociedad poscapitalista, socialista en el sentido que lo planteaba Mariátegui, original, nunca copia, un socialismo como creación heroica de los pueblos latinoamericanos.

Este es el camino por el cual podremos avanzar hacia la felicidad plena y hacia la solución de los problemas de nuestro pueblo.

Esto tiene como requisito insustituible la unidad, y una unidad articulada, organizada, construida por abajo ya que tiene que ser una unidad en función de un nuevo tipo de poder, de poder popular.

La desunión no sólo nos amenaza con el estancamiento, sino que lo hace con algo peor, que es la vuelta al pasado. Solo la unidad puede llevarnos al futuro, como decía el Che: Si supiéramos unirnos, qué bello sería el futuro y qué cercano.

Viva la Revolución de Mayo, viva el Che y su mensaje de unidad popular, viva el socialismo, viva la Fede, viva el Partido Comunista.